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Statement

La Naturaleza como norma, el Género como frontera, la Sociedad como máquina de hábitos. En ese triángulo se organiza el trabajo: donde lo vivo se administra, se codifica y se vuelve relato.

La instalación funciona como una herramienta para montar situaciones, no para exhibir certezas. Lo que importa no es el objeto, sino lo que desencadena: un espacio de fricción donde se cruzan investigación crítica, activación ecosocial y una estética que no busca decorar, sino interrumpir.

La formación técnica (Arquitectura e Ingeniería) y los desvíos posteriores por la Fotografía, los estudios de Género, el Territorio, los Afectos y el Conocimiento Situado operan como un conjunto de instrumentos: medir, escuchar, situar, desmontar. No aparecen como lista, sino como metodología: una forma de leer el presente y de construir preguntas con material, cuerpo, luz, datos y lenguaje.

Aquí el público no está “delante”, sino dentro. La experiencia se plantea como participación consciente: pasar de mirar a implicarse, de consumir a responsabilizarse, de recorrer a tomar posición. Exposiciones, conferencias y procesos de colaboración no son formatos paralelos, sino continuidad de la misma estrategia: abrir conversaciones que no terminen en la sala.

La obra se acerca a identidades y estructuras de poder tensando lo cotidiano y la memoria colectiva. Vigilancia digital, paridad de género, simbología cultural: elementos que entran en escena junto a datos y narrativas para evidenciar lo que suele quedar fuera del marco. La pregunta no es solo qué vemos, sino quién mira, quién decide, qué se normaliza. Y, sobre todo, qué otras formas de convivencia podrían aparecer cuando el lenguaje —visual y social— deja de obedecer.